Aunque podemos pensar que la magia y la ilusión son sinónimos, debemos entender que se trata de cosas muy distintas en la experiencia artística, así como en la vivencia cotidiana. La magia (refiriéndonos a la disciplina artística) se constituye en una rama del ilusionismo dado que su efecto final es producir una clara sensación o certeza en los espectadores, sobre algo que la percepción presenta como real, usando para ello una serie de subterfugios y técnicas habilidosas que permitan recrear apariencias convincentes. Mientras por otro lado la ilusión parte en principio de un sentido de añoranza y deseo fantasioso en los espectadores, que por lo tanto se encuentran ávidos de ver y experimentar escenas poco convencionales respecto a las del común denominador. Toda ilusión está basada en una predisposición inconsciente por parte del espectador, mientras que la magia tiene su punto de partida en la mente ingeniosa del mago quién buscará a toda costa imponer su visión sobre las cosas recurriendo a la sorpresa y a dicha predisposición del espectador.
La magia y la ilusión tienen un punto de intersección en el acontecimiento artístico siendo entonces la fase clímax en la experiencia escénica ya sea esta en un auditorio pre-preparado o también en el improntu de una presentación supuestamente improvisada, por cierto sin que esto último sea cierto.
