El valor de un buen show de magia

No tiene un valor menor, el que alguien nos saque del aburrimiento y la monotonía de la vida encandilando nuestros ojos mientras observamos absortos cómo objetos se movilizan solos y pañuelos de seda cambian de color en una fracción de segundos; luego del asombro y las mil preguntas que surgen espontáneamente en nuestras mentes, pronto se dibuja una amplia sonrisa lógica en nuestro rostro pues no hay otra cosa que podemos hacer, sino reír y reír pues no solo se nos ha desafiado mentalmente, sino que la performance del mago ha roto con nuestro sentido común, y nos reímos porque también nos sentimos fascinados en experimentar semejantes absurdos.

Desde un niño que ya puede interpretar su escueta realidad, hasta un adulto en las últimas instancias de su vida, disfrutan sin reparos de un buen show de magia, especialmente si este mantiene las virtudes y tecnicismos propios del arte del ilusionismo que siempre, casi siempre va de la mano de la comicidad y el malabarismo.

Sin duda la magia del ilusionista no tiene más parámetros que las finas líneas que separan lo artístico de lo fantástico.

Démonos siempre ese permiso, de presenciar la presentación de un buen show de Magia.

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